Afromexicanos y su danza de los negritos, ritual espiritual y religioso

Por Daysi Casas

CUETZALAN, Puebla a 25 de agosto de 2020 (Maya Comunicación). En el campo de cultivo esclavos negros trabajan la caña: siembran, cosechan, limpian y cortan el fruto para producir aguamiel y piloncillo. Abriéndose paso por las hierbas, el más pequeño del grupo es atacado por una serpiente alertando a sus compañeros, quienes al verlo morir en el piso, danzan y oran alrededor de él mientras la maringuilla intenta sanarlo con herbajes y ungüentos. La danza transcurre con fuerza hasta que el pequeño despierta, originando así, la danza tradicional de los negritos de las regiones de Veracruz, Hidalgo y Puebla.

México es un país multicultural que desde la conquista, comparte historia con diversas civilizaciones  del mundo, y a pesar de las numerosas investigaciones realizadas a lo largo del tiempo, mucho de ese pasado compartido es todavía desconocido. Tal es el caso de la comunidad afrodescendiente en México, pues a pesar de su importancia en la historia y tradición de la nación, y sus contribuciones en lo social, cultural y económico, dicha influencia ha quedado en el olvido, víctima de la discriminación. Sin embargo, comunidades indígenas totonacas y nahuas, con influencia africana directa, conservan y reivindican la tradición afromexicana en sus costumbres y expresiones culturales como la danza.

La danza de Los Negritos tiene su origen en el ir y venir de los esclavos negros traídos a México por los españoles en la época de la colonia, durante el movimiento diario de las jornadas en los campos de caña de azúcar en las zonas de Veracruz, Hidalgo y Puebla, donde no sólo tenían que enfrentarse a condiciones inhumanas de trabajo sino también a las características de la flora y fauna del lugar, rica en especies venenosas como alacranes y serpientes, por lo que durante la danza, se cuenta la historia de un grupo de esclavos que al ver herido al más pequeño del grupo, el pequeñino,  por la mordedura de una serpiente, danzan y oran alrededor de él hasta sanarlo.

El maestro Romarico Luna Segura, quien dirige el grupo de niños en la comunidad de Xiloxocihico, en la sierra Nororiente de Puebla, cuenta que esta danza puede tener una duración de tres días durante las fiestas patronales, pero una vez iniciado el ritual es tradición participar de él entre ocho y diez años que comprometen al danzante con la manda que así mismo se impone en agradecimiento por las buenas cosechas y el buen porvenir del pueblo: “Físicamente si es cansado, el cuerpo lo siente, los pies, pero el sacrificio es bueno”. Pero esta danza no sólo actúa a nivel espiritual y religioso, sino también en la aprehensión de valores y conductas en donde dicha expresión cultural cobra importancia, por desarrollarse en comunidades indígenas donde el consumo de alcohol asociado a la violencia y el abandono en las escuelas son altos.

Romerico narra que durante los 38 años que ha dirigido la danza en la comunidad, ha visto pasar generaciones de niños y jóvenes que encuentran en esta tradición un grupo de apoyo en el que les es posible compartir problemáticas familiares y personales, además de generar en ellos un sentido de pertenencia e identidad al desempeñar un rol reconocido dentro de la comunidad, reforzando así, el mejor desempeño académico y social de sus alumnos. Nos cuenta que los valores de esta danza tienen su base en el trabajo, la perseverancia y la concentración, pues es sólo a partir de ellos que es posible terminar satisfactoriamente con el ritual.

“(La danza) Me ha dado muchas satisfacciones, en mi familia, en mi persona, es más que un deporte, también es una terapia mental que nos estabiliza. A los jóvenes los enfoca en los estudios, porque mientras danzan, el caporal los presiona y les dice que no tengas miedo, que sigan adelante, a trabajar, todo eso está en la mente para sacar el ritual” narra.

El traje tradicional está conformado por el sombrero negro que cubre parte del rostro simbolizando la piel de los esclavos, sobre él se recarga una corona con garzotas blancas representando la pureza y el respeto dirigidos hacia el cielo que los bendice y dota de naturaleza, y un espejo que repele fuerzas negativas. El pecho llevan los cruzados, y debajo la chapulina, semejante a un par de alas que simbolizan la libertad y en las manos llevan la cuarta, un especie de listones de colores, y las castañuelas, que ayudan a ahuyentar a las serpientes, que dentro del ritual, simbolizan los obstáculos en el camino.

Es innegable el valor de las aportaciones en la vida social, cultural y política de la danza, así como las diversas expresiones culturales y sociales que comparten historia con la cultura afro en México, por lo que es importante valorar y reconocer con respeto a cada una de ellas, pues más allá de representar una parte de nuestra identidad como mexicanos, es necesario refrendar los lazos entre culturas y naciones a partir del reconocimiento de la diferencia y de los puntos de encuentro que permitan el dialogo horizontal que permita vivir y construir una sociedad más justa y libre donde quepan muchos mundos.

 

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