Yo tuve Covid-19

Por Osiris Granjeno

Ciudad de México, 27 de agosto del 2020.- Todo comenzó a fines de febrero de este año. Yo me encontraba en un diplomado de matemáticas cuando una amiga me mandó un mensaje. En ese se percibía su preocupación. Decía: –Cuídate mucho, por favor.

Todo esto me consternó. No sabía la razón de su angustia, pero conforme los mensajes continuaron, supe el por qué. Me informó que en México se habían registrado los primeros casos de Covid-19.

Aún recuerdo la inquietud que sentí en ese instante.

¿Cómo era posible que un peligro que se veía tan lejano -pues era parte de las noticias internacionales- ya estaba aquí?

Poco a poco los mensajes empezaron a llegar a cada uno de los alumnos en el salón de clases. Mis compañeros leían con escepticismo las noticias que les compartían sus contactos. Inevitablemente, el tema comenzó a comentarse entre todos.

Miedo, incredulidad, angustia… eran sensaciones perceptibles en cada uno de nosotros. En ese momento no supe que lo dicho ahí era sólo una pequeña parte de lo que estaba por venir.

Pasaron los días y comenzaron las primeras compras de pánico ante las amenazas de desabasto por el cierre de fronteras, la paralización de la economía mundial y local en México. Llegaba uno al super y ya no había artículos para el aseo y la desinfección: jabón, cloro, gel antibacterial, cubre bocas, etc.

Todo empeoró cuando el gobierno declaró la cuarentena y con esta el confinamiento y paralización de las actividades escolares y administrativas, sobre todo. Además del cierre de negocios, cines, plazas comerciales, estadios, gimnasios… Había que recogerse en casa y no salir, a menos de ser estrictamente necesario.

Tengo que confesar que ante tanta alarma y confinamiento me sentí muy confundido y alterado de los nervios; ya que de verdad necesitaba el apoyo de seres queridos que no se encontraban en mi casa.

Pero también tuve que reconocer que la cuarentena no era una tragedia y era egoísta pensar que me afectaba no salir; cuando allá afuera mucha gente sufría por familiares hospitalizados, falta de medicinas, de médicos para atender la emergencia y por la pérdida de seres queridos a causa del virus del Covid-19.

Al principio de la cuarentena las autoridades sanitarias aseguraron que en un mes regresaríamos a la normalidad; pero luego corrigieron y dijeron que en dos meses; luego que en tres y hasta el momento han pasado seis meses y el confinamiento sigue. Era obvio que dicha promesa de regresar pronto a la normalidad era falsa.

No obstante, hubo gente que creyó que el virus era una mentira y no respetó el aislamiento y se negó a cumplir con el protocolo de seguridad sanitaria.

Así pasaron los meses de marzo, abril, mayo, junio, julio y la situación de los contagios empeoró y las muertes a causa del Covid-19 se multiplicaron; incluso los casos comenzaron a ser de personas más cercanas, familiares, amigos. Era claro que la pandemia no era un invento, sino una terrible realidad que se agudizaba conforme pasaba el tiempo.

Al mes de agosto, en que escribo estas líneas, creo que la ansiedad es un problema común que hemos tenido que enfrentar la mayoría de los mexicanos debido al largo confinamiento. La ansiedad por salir; quizás porque no sabemos lidiar con la soledad.

En estos momentos una terapia psicológica y hasta psiquiátrica se hace necesaria; pero en vista de los escasos recursos, surge el dilema: pagar las consultas, a fin de recuperar la estabilidad emocional; o cargar con la depresión, en vista de la falta de ingresos, incluso para la compra alimentos.

Hace una semana se dio a conocer una noticia positiva, que Rusia ya tenía la vacuna contra el Covid-19. Y aunque al principio creí que se trataba de una noticia falsa, conforme avanzó el tiempo comprobé la veracidad de la nota.

En las últimas horas el presidente Andrés Manuel López Obrador anunció que, en colaboración con Argentina, México elabora la vacuna contra el coronavirus. Y garantizó el acceso gratuito a la vacuna para toda la población.

La proyección es que el antiviral estará disponible a inicios del próximo año, 2021; y se aplicaría bajo un plan de vacunación nacional.

Una semana luché contra el Covid-19

A todo esto, debo agregar que yo estuve infectado de coronavirus. Durante una semana sufrí de fiebre, cuerpo cortado, dolor de pecho e incluso dificultad para respirar; pero no llegué al extremo de estar hospitalizado.

Durante mi convalecencia leí un artículo del NY Times donde se estimaba que en un 70 por ciento la población mexicana portaría la enfermedad. Y eso me tranquilizó un poco.

En casi dos semanas he mejorado casi por completo, pues todavía tengo unas molestias; pero mínimas, a decir de mi doctora. Tras esta experiencia, puedo dar gracias de que mi periodo de enfermedad no fue tan grave.

Ahora sólo queda esperar que mientras la vacuna sea una realidad, los contagios no aumenten y los decesos bajen; así como también, que pronto podamos adaptarnos a esta nueva forma de vivir: confinados, con sana distancia, sin escuelas abiertas y escasas fuentes de empleo.          Ya que una de las más graves secuelas que dejará la pandemia será, sin duda, la crisis económica.

Ilustraciones: Iván Piedras

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