Mujeres y niñas migrantes, refugiadas y solicitantes de asilo en tiempos de COVID-19

CDMX 2 de septiembre del 2020.-

Unos muchachos que venían de mi lugar me dijeron que mi expareja se dio cuenta donde estoy y que él venía en el camino. Entonces lo que hice fue, desesperada, con miedo, agarrar el tren. Nunca había andado en tren y a veces yo era la única mujer.

En las vías del tren en Lechería, me alié con una amiga de Guatemala. Era hombre vestido de mujer. Me llevé muy bien con ella, se me perdió en Lechería, no la hallaba.

En la noche la fui a buscar en las vías del tren para seguir a Celaya. Me metí en medio de la estación del tren, ahí estaban varios vagones parados. De repente salieron dos hombres de los vagones y uno me agarró, me quiso violar. Fue el momento más triste de mi vida. Yo lloraba, les decía que no me hicieran daño, que estaba embarazada, para que no me violaran. Eran grandísimos, pero luego los guardias prendieron unos focos y los hombres me soltaron.[1]

Mujer de Honduras

[1] 1 Wolf Sonja (2020). Experiencias de migración forzada desde el Triángulo Norte de Centroamérica. “Me gustaría ver que mi país cicatrizara las heridas de su violencia” Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Programa de Política de Drogas (PPD).

La pobreza, la violencia social, sexual y de género, así como las desigualdades en sus diversas dimensiones hacen que las mujeres y las niñas tengan que escapar de sus países, en algunos casos buscando mejores condiciones de vida, pero en otros, esperando sobrevivir debido a una sistemática persecución por motivos de género.

La emergencia derivada del COVID-19 está provocando impactos específicos sobre las mujeres y profundizando las desigualdades de género existentes, tanto al interior de los hogares como fuera de ellos. Las lecciones que han dejado pandemias recientes (Ébola, Zika, SARS) han demostrado que la incorporación de las necesidades de las mujeres en el abordaje de la emergencia no es una cuestión menor. Al contrario, no considerar el enfoque de género profundizará las desigualdades con efectos que se prolongarán en el largo plazo y serán difíciles de revertir.[1]

El COVID-19, además, llega a la región marcada por una matriz de desigualdad social, cuyos ejes estructurantes —el estrato socioeconómico, el género, la etapa del ciclo de vida, la condición étnico-racial, el territorio, la situación de discapacidad y el estatus migratorio, entre otros— generan escenarios de exclusión y discriminación múltiple y simultánea, que redundan en una mayor vulnerabilidad ante la enfermedad.[2] De aquí la importancia de analizar las necesidades de las mujeres y niñas migrantes, refugiadas y solicitantes de asilo con perspectiva de género, derechos humanos y enfoques interseccional e intercultural a fin de visibilizar los impactos diferenciados entre mujeres y hombres en condiciones de movilidad y entre los diferentes grupos de mujeres y niñas.

Un número creciente de mujeres y niñas son perseguidas por razones de género, tanto en México como en sus países de origen, ya sea por causas asociadas a la violencia sexual y de género (VSG), riesgo de feminicidio, explotación, esclavitud sexual, prostitución forzada, o bien por su orientación sexual e identidad de género.

Adicionalmente estas mujeres tienen que enfrentar otros peligros debido a las restricciones de movilidad por el cierre de fronteras, barreras para interponer denuncias, para obtener insumos que protejan ante el COVID-19, servicios de salud reproductiva o incluso atención médica general y especializada. Estas mujeres enfrentan también diversas formas de discriminación y rechazo xenofóbico, hacinamiento en albergues, carga desproporcionada en el trabajo de cuidados, así como importantes obstáculos en lo referente a la generación de ingresos.

De acuerdo con la OIM, las mujeres migrantes tienen un importante papel en sectores de baja remuneración como el servicio doméstico y la venta informal de alimentos, altamente impactados por la pandemia.[3].

En los próximos meses el panorama no parece ser mejor, la Cepal estima que la tasa de pobreza en América Latina aumentará 7,1 puntos porcentuales en 2020, hasta alcanzar el 37,3%, mientras que la de pobreza extrema aumentará 4,5 puntos porcentuales, pasando del 11,0% al 15,5%.[4]

El INMUJERES impulsa estrategias diversas de diálogo e incidencia, visibilizando las necesidades y desafíos de las mujeres y niñas migrantes, refugiadas y solicitantes de asilo a fin de fortalecer los procesos de protección a sus derechos humanos.

[1] OEA|CIM (2020). COVID-19 en la vida de las mujeres Razones para reconocer los impactos diferenciados. Comisión Interamericana de Mujeres. Disponible en: http://www.oas.org/es/cim/docs/ArgumentarioCOVID19-ES.pdf

[2] CEPAL- OPS (2020). Salud y economía: una convergencia necesaria para enfrentar el COVID-19 y retomar la senda hacia el desarrollo sostenible en América Latina y el Caribe.

[3] OIM (2020) Efectos de la COVID-19 en la población migrante Principales Hallazgos Sondeo en América Central y México Junio 2020. Oficina Regional para Centroamérica, Norteamérica y el Caribe, Costa Rica.

[4] CEPAL. (2020) Enfrentar los efectos cada vez mayores del COVID-19 para una reactivación con igualdad: nuevas proyecciones. Informe Especial COVID-19, N° 5, Chile

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