La obra de Chucho Reyes combina la tradición virreinal con el arte popular

Ciudad de México, 5 de agosto de 2020. – José de Jesús Benjamín Buenaventura de los Reyes y Ferreira, mejor conocido por la comunidad artística como Jesús Reyes Ferreira o Chucho Reyes, destacó por la habilidad para conjugar los temas de la tradición novohispana con los colores y técnicas del arte popular mexicano.

Este 5 de agosto, la Secretaría de Cultura y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), a través del Museo Nacional de Arte (Munal), recuerdan el 43 aniversario luctuoso del artista, reconocido por sus pinturas y esculturas, así como por su labor de anticuario, promotor y consejero estético de arquitectos.

Chucho Reyes nació en Guadalajara, Jalisco, en 1880. Sin una educación académica, su padre fue su principal mentor, el anticuario Buenaventura de los Reyes y Zavala, quien influyó en la producción artística de Jesús. Desde corta edad mostró devoción por los objetos de diversos orígenes que nutrieron su visión sobre las artes populares.

En 1927, su familia se trasladó a la Ciudad de México, donde estableció su propia galería de antigüedades en la mítica casa de Milán número 20. Este suceso impulsó la etapa más productiva de Reyes Ferreira, pues se sabe que solía envolver los objetos comprados por sus clientes en pliegos de papel de china, decorados por él mismo con anilinas diluidas en agua, técnica con la que, posteriormente sería reconocido y que lo mantendría cercano a los valores tradicionales de nuestra identidad cultural.

Su producción destacó por la sencillez en los trazos y la manera con la que combinaba los motivos religiosos de la época virreinal con colores llamativos, vistosos y estridentes, así como la reproducción de seres metafísicos correspondientes al rito católico, la fauna mexicana y temas florales.

En Muerte con sandía, pintura de la colección del Museo Nacional de Arte, se puede apreciar la alegría de la naturaleza mexicana en diálogo con la imagen sombría de la muerte. En esta pieza destaca el binomio vida y muerte, propio del imaginario nacional.

Jesús Reyes Ferreira sostuvo una íntima amistad con artistas de la talla de Mathias Goeritz y Luis Barragán, de quien fue consejero estético en el desarrollo inmobiliario del Pedregal, al sur de la Ciudad de México, en la Casa Estudio Luis Barragán y en el Convento de las Capuchinas Sacramentarias. Además, Reyes Ferreira propuso el uso cromático en las Torres de Satélite, obra emblemática de Barragán y Goeritz.

Fue en su última etapa cuando Chucho Reyes viajó al extranjero y, en 1967, con 87 años de edad, realizó su primera exposición individual en Bellas Artes.

Falleció el 5 de agosto de 1977; dejó un rico legado de anilinas y acrílicos sobre papel de china, esculturas en papel maché, óleos y biombos llenos de color y vivacidad.

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