De la noche a la mañana cambió el mundo

CDMX 27 de agosto del 2020.-Monserrat Prieto

Me senté en la banca del parque que se encuentra frente a mi casa y comencé a mirar a las pocas personas que caminaban por ahí. Unas con cubrebocas, otras con caretas y otras tantas sin protección alguna para protegerse contra el coronavirus-19 que está acabando con miles de personas.

La sociedad esta estresada, en pánico, angustiada, temerosa, pues vivir en la incertidumbre también mata; durante esta cuarentena he descubierto infinidad de realidades, escenarios que jamás imaginé vivir tan de cerca.

Lo que me llevó a analizar esta situación, desde distintos ángulos, fue que poco a poco me di cuenta que este virus no solo estaba causado muertes al atacar el cuerpo de niños; y sobre todo de ancianos, sino también trajo consigo otros daños colaterales, daños que de igual forma son irreversibles, entre ellos asesinatos de mujeres y niños, violaciones, secuestros, ansiedad, depresión, suicidios, etcétera.

El mundo dio un giro enorme, después de llevar una vida “libre” ahora nos toca estar encerrados con la incertidumbre del mañana, con el miedo a un contagio en la familia o de uno mismo; con la angustia de no tener los recursos económicos para sobrevivir en pandemia y entonces los jefes de familia tienen que buscar alternativas para mantener a los suyos, tienen que exponerse y arriesgarse, porque no pueden dejar morir a sus congéneres de hambre.

Pero… ¿Qué pasa con la gente pobre? ¿Con las personas en situación de calle? ¿Ellos donde se resguardan? ¿Cómo pueden llevar a cabo las medidas sanitarias? No todos contamos con las mismas oportunidades y cada quien sobrevive a su manera.

Lo más triste es ver morir gente que en su deseo de salir adelante termina contagiada, pasando sus últimos días en un hospital aislado de sus familiares, para que al final te den la noticia de que ya no estarán más en este mundo y no poder despedirlo como lo acostumbra el mexicano.

Y así han transcurrido estos días difíciles para la sociedad mexicana, la cual vive con la esperanza de que esto vuelva a la “normalidad”, buscando retomar sus actividades cotidianas y poder ver a sus familiares que por meses no han podido visitar. Es increíble como de un momento a otro la vida cambia y entonces te tienes que adaptar a la nueva forma de supervivencia, dejando de lado los planes que tienes para el futuro.

El coronavirus no solo trajo consigo un virus, sino también una gran lección de vida para todos, al darnos cuenta cómo estamos tan enajenados con distintas cosas, como son la televisión, las compras, tener un celular nuevo, ropa y accesorios, que muchas de las veces son innecesarias.

Ilustraciones: Taide Mendoza

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